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Título : Kosovo como guerra de la cuarta generación: un estudio de caso
Autor : Tisi Baña, José María (director de tesis)
Frechero, Germán Eduardo
Palabras clave : Historia Militar
Guerras de Cuarta Generación
Nuevas amenazas
Fecha de publicación : Sep-2004
Editorial : Escuela Superior de Guerra Tte Grl Luis María Campos
Citación : Frechero, G. (2004). Kosovo como guerra de la cuarta generación: un estudio de caso (Tesis de maestría). Escuela Superior de Guerra Tte Grl Luis María Campos. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Resumen : Cuando se iniciaba la década de 1990, el colapso de la Unión Soviética puso fin a medio siglo de disputas político-ideológicas entre el bloque occidental, liderado por Estados Unidos, y el bloque socialista, que marchaba al ritmo que le imponía Moscú. Aparentemente aliviado al mundo de la amenaza de destrucción en una guerra nuclear que sobre él se cernía, muchos creyeron ver en el Nuevo Orden Mundial anunciado por el entonces presidente norteamericano George Bush -en oportunidad de lanzar la guerra contra Irak-, una esperanza para el establecimiento de condiciones de paz internacional duradera. Tal vez, como lo expresara Francis Fukuyama, el triunfo del libre mercado, la revolución de las comunicaciones, el funcionamiento efectivo de los organismos de seguridad internacionales y la generalización de las prácticas democráticas en el mundo, terminarían por eliminar de plano la guerra entre estados, ya que tan violenta expresión del espíritu humano resultaría indigna y racionalmente injustificable para los ciudadanos de un estado en donde imperaran la libertad y la ley. Excluido el peligro de la guerra del seno de las relaciones entre los estados, y siendo la guerra el motor de la historia, tal vez este devenir estuviera llegando a su fin. Un ligero examen de la historia, y en particular de la historia de las guerras, hubiera revelado ya en aquel momento que estas esperanzas carecían de mayor fundamento. En principio, ni siquiera resultaban originales. No fue ésta la primera vez que el surgimiento de nuevas ideas, acompañadas por cambios sustanciales en las estructuras conflictuales, generó semejantes expectativas. Para citar sólo una referencia no tenemos más que remitirnos a las teorías 3 que en los albores del racionalismo postulaban la obsolescencia de la guerra. Así, siguiendo a Montesquieu y a Kant, el sociólogo británico Thomas Paine se aventuraba a afirmar ya a fines del siglo XVII que la extensión universal del comercio extirparía el sistema de la guerra , y que la sustitución de monarquías por repúblicas sería garantía de paz entre los estados 1. Una vez que los pueblos se hubiesen adueñado de sus destinos, y consolidado el control democrático de los estados con la creación de las naciones, cesarían lógicamente las guerras. La historia de la humanidad- dice el prestigioso historiador Michael Howard (además, compatriota de Paine)- registra pocas desilusiones más crueles que las que sufrieron aquellas esperanzas durante los siglos XIX y XX 2. En aquella oportunidad, los sentimientos extremistas, exacerbados en la búsqueda de la identidad nacional, terminaron dominando la escena, extendiéndose hacia fines del siglo XIX por toda Europa, y dando la vuelta al globo en la segunda mitad del siglo XX. Es que, si la lealtad hacia la Corona era una cuestión poco más que contractual, la lealtad hacia la nación se tradujo en términos de pertenencia voluntaria, de lazos sanguíneos, de destino común. Si la nación era fruto de la voluntad popular, no habría entonces sacrificios que no debiesen cumplirse en nombre de este bien común. Así, en 1914, las naciones europeas abrazaron la idea de la guerra con inusitado entusiasmo, y se arrojaron unas contra otras en la más espantosa carnicería que la humanidad había conocido hasta entonces. Y tan sólo veinte años después de que el agotamiento material y moral impusiese la paz en una Europa devastada, las cuestiones entonces no resueltas derivaron en la mayúscula catástrofe mundial que significó la Segunda Guerra Mundial. Nación y guerra, descubrirían los utopistas, no sólo son conceptos que no se excluyen mutuamente, sino que conviven en perfecta aunque trágica, a la luz de las circunstancias- armonía. Comparable al grado de desilusión enfatizado por Howard es el nivel de decepción que pesa sobre el hombre del siglo XXI, rodeado de un confort con el que ni siquiera soñaron sus antepasados, informado y comunicado con sus pares como nunca antes, al presenciar cómo los esperanzadores mensajes de paz pierden rápidamente vigencia frente a la pléyade de conflictos violentos desatados tras la caída de la Unión soviética. Este hombre globalizado conoce hoy sin dudas que la guerra, lejos de haber sido ahuyentada por el triunfo del capitalismo, se ha multiplicado en sus formas y dimensiones, y que las armas de destrucción masiva le amenazan más aún que en los gélidos años de los silos misilísticos y la doctrina de la Mutua Destrucción Asegurada.
Descripción : Tesis de maestría
URI : http://cefadigital.edu.ar/handle/1847939/704
Appears in Collections:Tesis de Maestría en Historia de la Guerra

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